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ESPECIAL CALEFACCIÓN EN AVICULTURA: Un repaso histórico a los sistemas de calefacción en avicultura

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Ante todo, la necesidad de la calefacción para la crianza de pollitos proviene de la circunstancia de que éstos, de recién nacidos, no son capaces de regular su temperatura corporal, de igual forma que lo hacen cuando, al cabo de pocas semanas, y de adultos, se convierten en homeotermos, es decir, manteniendo una temperatura corporal constante, dentro de ciertos límites. El pollito recién nacido se comporta, pues, como un animal poiquilotermo – de sangre fría, al igual que los reptiles -, lo que significa que debemos aportarle una fuente de calor para su supervivencia, con una temperatura adecuada que le permita ejercer sus actividades vitales.  

ESPECIAL CALEFACCIÓN EN AVICULTURA

Un repaso histórico a los sistemas de calefacción en avicultura

UN REPASO HISTÓRICO A LOS SISTEMAS DE CALEFACCIÓN EN AVICULTURA

Por Real Escuela de Avicultura  

Uno de los temas sobre los que más se ha escrito en avicultura, desde los libros de hace más de un siglo hasta la actualidad, es el de la calefacción de las granjas, lo que dificulta poder escribir algo interesante sobre él que no resulte un “refrito” de todo lo anterior.

Sin embargo, lo intentaremos, con la visión actualizada del tipo de granjas que se están utilizando actualmente en España y no citando más que de pasada aquellos sistemas “teóricamente” en desuso , bien por ser los adecuados para un tipo de explotación muy artesanal – granjas muy pequeñas -, bien el trabajo que acarrean, y decimos “teóricamente” pues nuevas tecnologías más eficientes o nuevas fuentes energéticas, como la electricidad procedente de fotovoltaica, hacen que siga en evolución constante el elegir uno u otro sistema de calefacción acorde a las circunstancias particulares de cada granja y a las mejoras tecnológicas.  

           

NECESIDAD DE LA CALEFACCIÓN

Ante todo, la necesidad de la calefacción para la crianza de pollitos proviene de la circunstancia de que éstos, de recién nacidos, no son capaces de regular su temperatura corporal, de igual forma que lo hacen cuando, al cabo de pocas semanas, y de adultos, se convierten en homeotermos, es decir, manteniendo una temperatura corporal constante, dentro de ciertos límites. El pollito recién nacido se comporta, pues, como un animal poiquilotermo – de sangre fría, al igual que los reptiles -, lo que significa que debemos aportarle una fuente de calor para su supervivencia, con una temperatura adecuada que le permita ejercer sus actividades vitales.  

Referente a cuál es esa temperatura adecuada –un tema también muy manido- , igualmente lo pasaremos de largo, aunque con unas observaciones:

  • Dado que el pollito recién nacido proviene de una incubadora en la que se ha mantenido a unos 37-38 ºC muy constantes, para que el “shock” con las condiciones exteriores sea lo menos traumático posible conviene que al menos durante las primeras 48 horas en la granja se tenga a unos 33-34 ºC y en un medio en ausencia de corrientes de aire.
   
  • Seguidamente, en el resto de la primera semana de vida, con los pollitos ya mas “espabilados” y correteando en el espacio disponible puede reducirse la temperatura hasta unos 31-33 ºC
   
  • En el resto de la crianza ir reduciendo la temperatura en unos 3 ºC semanales hasta llegar a igualarse con la del ambiente, a unos 19-21 ºC a unas 3 a 5 semanas, dependiendo de la época del año.

    Con los muy precisos sistemas de medición y de control de que se dispone hoy en día, en los actuales criaderos de ventilación forzada es muy fácil ajustar la temperatura exactamente al grado que se desea. Pero tener en cuenta que todo lo que se haga hacia arriba significará un mayor gasto en calefacción y un menor consumo de pienso, mientras que la tentación de ir excesivamente hacia abajo con el fin de ahorrar en ésta representará una mayor ingesta y unos más elevados índices de conversión en el pollo. No obsesionarse demasiado con lo indicado por el termómetro pues el mejor indicador de que se está haciendo lo correcto son los mismos pollitos, con su comportamiento, apiñándose entre ellos si sientan frío, alejándose del foco de calor en caso contrario, etc.  

TIPOS DE CALEFACCIÓN

La discusión sobre las ventajas e inconvenientes de los muy diversos sistemas de calefacción a los que podemos optar en avicultura es clásica ya que, realmente, los aspectos a considerar en su elección son muy diversos:

  1. Coste de instalación razonable

  2. Seguridad en su empleo

  3. Coste de funcionamiento lo más bajo posible

  4. Fácil regulación de las temperaturas deseadas

El factor de la localización de la granja también debe pesar en la elección del sistema. Por ejemplo, la posibilidad del empleo de gas propano en aquellas zonas en donde esté disponible, la de instalar un sistema de energía fotovoltaica – con paneles solares – en que tengan una elevada insolación, la utilización de biomasa en un área de alta riqueza forestal, etc. La elección del sistema de calefacción también depende del tipo de nave. Por ejemplo, aunque en todo que seguirá nos referiremos a las modernas instalaciones de ambiente controlado, con un aislamiento excelente y grandes dimensiones – desde un mínimo de12 m   No podemos olvidar que aun existen bastantes naves en funcionamiento, construidas de obra hace años, con abundantes ventanas, un aislamiento insuficiente, etc. Y en estas últimas, no cabe duda de que una calefacción ambiental mediante generadores de aire caliente no sería lo más adecuado debido a las pérdidas que se producirían debido a ello.   Dado que una descripción detallada de los diversos sistemas de calefacción que hemos conocido para los gallineros sería muy extensa, en plan didáctico hemos preferido agruparlos bajo el siguiente esquema:

  • Sistemas hoy en desuso, en instalaciones modernas.

  • Sistemas actuales en granjas “industriales”

  • Sistemas de recuperación de calor.

 

LA CRIANZA EN “POLLERA”

Aunque ésta cada vez va siendo menos habitual en las modernas naves de ambiente controlado y muchos miles de aves, no podemos dejar de referirnos a ella. Entendemos por “pollera” el sistema de crianza consistente en tener a los pollitos durante, al menos, su o sus primeras semanas de vida, concentrados en una reducida parte de la nave a la temperatura requerida, mientras que en el resto de la misma, separada por una cortina de la parte caldeada, no se aplica calefacción.

El objetivo, bien claro: ahorrar en calefacción por no requerir caldear un gran volumen de aire, sino uno más reducido.

Luego, habitualmente ya en la segunda semana de vida de los pollitos, se retira la cortina con el fin de dejarles acceder al resto de la nave. Contra el cierto ahorro en la calefacción que se consigue con esta práctica, se hallan los inconvenientes de un mayor deterioro de la cama de la zona de la pollera y la dificultad de que los pollos, una vez retirada la cortina, se repartan uniformemente en la nave. De ahí que si bien esta práctica podía tener cierto sentido en las naves de hace años, con un aislamiento deficiente y, por consiguiente, con dificultad para alcanzar una temperatura adecuada, en las actuales instalaciones bien acondicionadas apenas lo tiene.    

SISTEMAS HOY EN DESUSO, EN INSTALACIONES MODERNAS

Son muy numerosos, hallándose descritos en los textos avícolas de hace años, con manifiestas ventajas muchos de ellos en el caso de instalaciones pequeñas en las cuales raramente se consideraba el trabajo que acarreaban. Entre ellos se encuentran los siguientes:  

1-. CRIADORAS DE PETRÓLEO

Eran uno de los sistemas de elección en los comienzos de la avicultura industrial en muchos países, habiendo una gran variedad de modelos aunque posiblemente el más popular para la crianza de pollitos fuere al denominado “de llama azul” por funcionar sin mecha, por gasificación del petróleo.

Las estufas de este tipo que se utilizaban en avicultura consistían en un quemador de petróleo que dispone encima unos manguitos circulares metálicos con numerosos orificios en los que se gasifica el petróleo. Este se halla en un pequeño depósito, situado en el suelo, lejos del quemador, y siempre a cierta distancia de la “campana” metálica que cubre a éste a efectos de concentrar el calor producido hacia los pollitos.

La ventaja del sistema estriba en su bajo consumo, aunque teniendo como inconvenientes el peligro de incendio, el manejo de las grandes campanas – de 1,50 m de diámetro o más -, la dificultad de poder ver los pollitos debajo de ellas, etc.

 

2-. LÁMPARAS INFRARROJAS ELÉCTRICAS

Un sistema que se había empleado y quedó en desuso, pero ahora puede volver a tener una segunda vida, son las lámparas por infrarrojos de alimentación eléctrica.

Se trata de lámparas productoras de rayos infrarrojos eléctricos, que no calientan el aire que atraviesan sino los cuerpos que tocan. Con estos sistemas “clásicos” de infrarrojos, lo habitual era agrupar los pollitos en lotes de unos 500, confinados en círculos de madera o cartón grueso.

Contra la simplicidad del sistema, que no requiere ninguna instalación complicada aunque sí disponer de la potencia eléctrica necesaria según el número de lámparas, se hallaba el elevado consumo eléctrico. Su baja eficiencia y el elevado consumo hicieron que solo se emplease en instalaciones pequeñas y no para naves avícolas industriales.

Granja de pollos en España con el sistema de calefacción por infrarrojo lejano de la empresa de Navarra AVIR probado con éxito en 8 crianzas de 2018 y 2019. La alta mejora de la productividad unido a la posibilidad de compatibilizar la instalación con sistemas fotovoltaicos, ha vuelto a poner sobre la mesa una nueva e inteligente calefacción por infrarrojos.

Los nuevos sistemas emplean el infrarrojo lejano, una nueva tecnología de alta eficiencia energética con lo que el consumo en kw se reduce sobremanera, además, estos nuevos sistemas permiten ser alimentados por energía eléctrica procedente de placas fotovoltaicas, con lo que , en el momento que precisamente sobran más kw al no emplearse casi para ventilación (al inicio de la cría) es cuando esta energía fotovoltaica es la que puede alimentar total o parcialmente estos nuevos infrarrojos lejanos de alta eficiencia.

Otra ventaja de los nuevos sistemas de infrarrojos es el calor focalizado, calienta donde están los pollitos, proporcionando gran confort y mejorando la productividad.

 

3- CAMPANAS CON RESISTENCIAS ELÉCTRICAS

Algo parecido podemos decir de este sistema, en el que la lámpara de infrarrojos es sustituida por una serie de resistencias eléctricas insertadas en el interior de una campana metálica, similar a las mencionadas de las criadoras de petróleo.

La principal diferencia con las lámparas de infrarrojos eléctricos era el gran tamaño de las campanas al aconsejarse una de 1.000 w y de al menos 1,50 de diámetro para la crianza de 500 pollitos. Esto, unido al elevado coste de su consumo eléctrico, ha hecho que también fuera un método que hubiera pasado a la historia.

 

4-. RADIADORES DE AGUA CALIENTE

Se trata de un sistema de calefacción con una base similar a la doméstica, es decir, disponiendo de una caldera para producir el agua caliente – mediante cualquier combustible, como leña, carbón, petróleo, gas, etc., –de la que parte una canalización para hacer circular la misma entre los radiadores.

Granja en Ontario, Canada con sistema de calefacción por radiadores (tuberías) de agua caliente.

Tuvo una utilización bastante común en Estados Unidos a mediados del siglo pasado, bien con los radiadores verticales montados en las paredes laterales, en naves muy estrechas, o bien suspendidos de forma paralela en el suelo, de ser más anchas. Y aunque se aducía que el coste de funcionamiento era de los más bajos, la rigidez del montaje hizo que, al menos en España, su uso no se extendiese.

 

5-. ESTUFAS DE CARBÓN

Se trataba de estufas de hierro fundido, especiales para la quema de carbón y provistas de una chimenea para la salida del humo, disponiendo algunas de ellas de una regulación termostática del tiro de aire de ésta con el fin de ajustar la temperatura a lo que se requiriera.

Dependiendo de las dimensiones de las naves, solían montarse varias de ellas, cada una circundada por unas pantallas de grandes dimensiones para cobijar a los pollitos.

La complicación de su montaje, la dificultad de ajustar exactamente la temperatura, el trabajo de limpieza de los residuos y, más que nada, la retirada del carbón como combustible, fueron las razones para su poco éxito en avicultura.

6-. ESTUFAS PARA GALLINAZA

Se trata de grandes hornos, especiales para la quema de la cama de los pollos de crianzas anteriores o bien de otros combustibles sólidos, aunque lo primero era lo más habitual, por obvias razones económicas.

Estaban construidos con materiales refractarios, situándose en el exterior de las naves e introduciendo aire caliente en ellas mediante una canalización, con un ajuste de la temperatura más o menos perfecto.

Tuvieron una cierta expansión en España, en granjas de tamaño medio, aunque nunca llegaron a convencer, no tanto por su funcionamiento sino por el riesgo de utilización de una yacija de crianzas anteriores, que por lógicas razones sanitarias, ya debería estar fuera de la granja.

 

7-. ESTUFAS DE ORUJO Y/O CÁSCARAS DE ALMENDRA

A diferencia de todos los sistemas anteriores, fueron uno de los métodos de calefacción preferidos en avicultura de fines del pasado siglo, en la época de transición entre las ya grandes naves de obra, pero mayoritariamente de ventilación natural, a las aun mayores instalaciones prefabricadas actuales, de ambiente controlado.

Consistían en un quemador de hierro fundido, del que parte una chimenea, con un gran depósito para almacenar el material durante varias horas.

Un depósito para las cenizas, en su parte inferior, permitía el acumular las mismas durante una jornada entera.

El material a quemar podía ser orujo de olivas extractado, granillo de uvas, cáscaras de almendra o avellana, piñón de pino, etc., es decir, residuos agrícolas de escaso valor, lo que hacía que el sistema fuera muy popular en algunas zonas.

 

Estufa para cáscara de almendra, en una granja de pollos de hace unos años.

  Su funcionamiento se basaba en una salida de humos natural, a través de una chimenea en posición vertical, pero más tarde paralela al suelo y a escasa distancia del mismo, con el fin de aumentar su recorrido en la nave con el fin de caldear más. En tal caso se contaba con un ventilador centrífugo para activar el tiraje, con conexión a un termostato de ambiente que lo ponía en marcha según se hubiera ajustado.

El trabajo de la limpieza de los residuos quemados, el almacenamiento y la quema, así como la dificultad de un ajuste termostático perfecto de la temperatura hicieron que este sistema, muy popular en su tiempo en avicultura, también terminara desapareciendo.  

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