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¿Granja Autónoma o Inteligente?

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Una granja autónoma debe ser inteligente. Una granja inteligente no precisa ser autónoma.

El estado más avanzado de la tecnología es la granja totalmente autónoma. Equipos de investigación muy punteros están trabajando en diversas partes del mundo para conseguir la granja avícola “unmaned” o autónoma. “Unmaned” significa en inglés “sin intervención de personas”. El objetivo es tener naves que vayan solas, “inteligentes”, es decir, provistas de sensores , equipos e inteligencia artificial capaces de tomar decisiones por si mismas sin intervención alguna de humanos ni en la propia granja ni a distancia.

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¿Granja Autónoma o Inteligente?

Una granja autónoma debe ser inteligente. Una granja inteligente no precisa ser autónoma.

El estado más avanzado de la tecnología es la granja totalmente autónoma. Equipos de investigación muy punteros están trabajando en diversas partes del mundo para conseguir la granja avícola “unmaned” o autónoma. “Unmaned” significa en inglés “sin intervención de personas”. El objetivo es tener naves que vayan solas, “inteligentes”, es decir, provistas de sensores , equipos e inteligencia artificial capaces de tomar decisiones por si mismas sin intervención alguna de humanos ni en la propia granja ni a distancia.

A un nivel tecnológico inferior tenemos la granja inteligente pero no autónoma. Esta granja mide y sigue en tiempo real todos los parámetros de bienestar, crecimiento esperado y cualquier otro parámetro incidencia, de las aves y toma decisiones de ajustes para conseguir los máximos rendimientos pero siempre bajo la supervisión diaria de una persona que supervisa y da su conformidad.

Lo segundo es ya una realidad, lo primero aún falta, pero muy poco.

Este cambio afecta principalmente a las naves de engorde de pollos o pavos, pues teóricamente es posible reducir la intervención humana a una vez cada seis semanas, al final de cada engorde, al estar todas las aves confinadas todo el ciclo productivo en tiempo y espacio. En el caso de puesta es más complejo por ser su producto de recogida , clasificación y venta diaria. Respecto a la retirada de cadáveres, ya se está trabajando en robots capaces de detectar las aves muertas y proceder a su retirada, pesaje y eliminación de forma automática y a diario.

Las repercusiones de la granja inteligente a nivel del avicultor serán muy importantes, por un lado, le permitirá poder engordar números cada vez mayores de aves con el mínimo personal y centrándose en trabajar conjuntamente avicultor-robots-sistema de inteligencia artificial-integradora en conseguir máximo bienestar y rendimiento con mínima intervención humana.

Las repercusiones de una hipotética granja autónoma (y debe considerarse 100% autosuficiente para ser calificada como tal) para el avicultor es que su razón de ser podría llegar a desaparecer.

Otra cosa es que a la integradora le interese tener granjas sin granjeros. Uno de los argumentos más potentes ante la marea animalista que recorre los países desarrollados es que con las granjas fijamos y damos un “modus vivendi” a la población rural. Tecnología aparte, ¿realmente interesa ante la opinión pública transmitir la imagen que engordamos nuestros pollos de manera todavía más industrial en naves sin granjeros?

El avicultor deberá pues aprender nuevas habilidades para manejar ingentes cantidades de datos y trabajar codo a codo con sistemas de inteligencia artificial que aprenderán solos conforme se alimenten de más “petróleo”, es decir, datos.

La integradora a través de la recogida y análisis en tiempo real de los datos de sus centenares o miles de granjas podrá y deberá ayudar al avicultor a aplicar pequeños microajustes que sumados multiplicarán la productividad obligándolas a disponer de equipos multidisciplinares de veterinarios, informáticos, expertos en estadísticas, nutrólogos , etc que se alimentarán y decidirán mejoras aplicables a todos sus integrados a partir de los datos remitidos.

La inteligencia artificial de por si no es mala, pero no debe ser opaca sino transparente. Avicultor y consumidor deben conocer que valores se priorizan por delante de otros. ¿Priorizo el bienestar del ave? ¿Priorizo la calidad de la canal? ¿Priorizo el mínimo coste alimenticio? ¿Priorizo la sostenibilidad ambiental? Poner arriba en la balanza una cosa u otra dependerá de personas, y el avicultor deberá estar informado. Además, por criterios geográficos y de mercado variará. No será lo mismo si mis pollos van a ir a la sección delicatessen de un mercado para clase alta o simplemente serán pollos al menor coste para una zona humilde.

El futuro a corto – medio plazo pasa pues por granjas cada vez más inteligentes, pero, de momento, no autónomas.

Depende de cada avicultor, de cada empresa, decidir si quiere ser espectador o protagonista del cambio que se avecina. Desde Selecciones Avícolas iremos desgranando en los próximos números algunas de las tecnologías ya disponibles que están acelerando este cambio.

En un negocio con unos márgenes tan ajustados aquellos que antes aprendan a trabajar conjuntamente con la inteligencia artificial mejores rendimientos obtendrán. Y este cambio va a ser mucho más rápido de lo que nos pensamos.

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