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El bienestar, como tópico

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Para comenzar, permítasenos una digresión: la definición de “tópico” para quienes no la conozcan.

EL BIENESTAR, COMO TÓPICO

Para comenzar, permítasenos una digresión: la definición de “tópico” para quienes no la conozcan. Según el Diccionario de María Moliner, aparte de su acepción médica, la que nos interesa es la que indica que algo tópico es “aquella expresión que la gente repite mucho o a la que se recurre muchas veces para hablar de algo”.

A esto, precisamente, es a lo que queremos referirnos para tratar del “bienestar”, este término que, en castellano, pero quizás aun más en inglés -“welfare”- nos encontramos actualmente “hasta en la sopa”, como diría el refranero. Porque, ¿quién no lo ha visto u oído al relacionarlo con los sistemas de alojamiento de las ponedoras o de los pollos, la forma en que transportamos a nuestras aves, o en lo referente al corte del pico?

Nosotros, en esta carrera por querer relacionarlo con todo, hemos visto que el término del bienestar sale a la palestra cuando se habla de la explotación de las gallinas “no-en-jaula”, de la bioseguridad en general, de la influenza aviar, de el “libre-de-antibióticos” y quizás con algunos conceptos más, diríamos que “cogidos por los pelos”.

Pero llegados a este punto, creemos necesario solicitar a nuestros lectores que no nos interpreten mal pues si bien reconocemos que durante muchos años apenas se hablaba del bienestar animal, hoy ya tenemos el concepto muy bien asumido, formando parte de nuestra vida profesional de una forma que tenemos que convivir con él. Y así, en nuestro gremio avícola, hoy casi no hay congreso o simposio en el que en alguna presentación u otra no surja el tema, al menos para dejar constancia de la preocupación de su autor por el mismo.

Como sea que sobre ello se han vertido ríos de tinta, solo recordaremos algunos de los criterios que sustentan los sistemas de evaluación del bienestar en el proyecto “Welfare Quality” -para todas los animales de granja, no solo para las aves-: no padecer hambre ni sed, mantenerlos a una temperatura adecuada y en situación de comodidad durante su descanso, disponer de espacio para moverse en libertad, no sufrir enfermedades ni dolor por su manejo, poder manifestar su comportamiento natural, evitarles emociones negativas, como el miedo o la angustia, etc.

Como puede verse, un largo rosario de condicionantes en torno a la instalación y el manejo de las aves, muchos de los cuales ya se cumplan habitualmente, aunque otros no. Valgan como ejemplo de aquellos todos los puntos a los que se nos obliga por ley, como los referentes a las densidades de población en granja y en el transporte, a la sustitución de las jaulas de puesta convencionales por las “enriquecidas”, etc., mientras que entre los incumplidos estaría la absurda obligación de someter a los pollos sujetos al caponaje a una analgesia y una anestesia previas.

Así las cosas, en torno a ese bienestar de las aves -que no nos cansaremos de repetir todos tendríamos que respetar- hay otro bienestar del que apenas se habla: el humano, referente a los trabajadores de las granjas. Es decir, ¿en que condiciones de calor, de falta de calidad del aire de las naves, o de cansancio físico se opera en ellas o en las plantas de incubación? Sobre ello nada se escribe, como no sea en algún medio francés, a consecuencia de los estudios que se han realizado, ya desde hace tiempo, en el país vecino, pero creemos que al mismo tiempo que atender a las condiciones de bienestar en que hay que tener a nuestras aves, también tendríamos que preocuparnos por aquellas otras en que trabaja el personal de nuestras granjas.

¿Un motivo más de preocupación para el productor avícola? Quizás, al menos para pensar en él al ver en que condiciones ambientales trabajará después de haber cambiado sus gallinas de batería a un aviario o como estará su espalda cuando haya terminado de retirar las bajas diarias de un gran criadero con 40.000 pollos o más.

En fin, no intentando añadir una preocupación más en la cabeza de nuestros lectores, llegados a estos momentos del año, por parte de este medio y de la redacción de la Real Escuela de Avicultura, deseamos enviar la más cordial felicitación a todos nuestros lectores y patrocinadores. Que la paz cristiana con la que suele caracterizarse la Navidad nos alcance a todos los que formamos esta gran familia de la avicultura.

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