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Jaulas equipadas y sistemas de detección de calidad de cáscara del huevo

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El sector avícola de puesta en España ha sufrido una gran transformación, fruto de la introducción de la Directiva 99/74/CE y la necesaria reconversión industrial que de su aplicación se derivó al tener que sustituir, modificar o transformar los sistemas de alojamiento. Un estudio presentado el año pasado –Caballo 2012- mostraba una reconversión de censos hasta 35 millones de ponedoras, suponiendo una reducción del 24 % en plazas con respecto al 2010.

JAULAS EQUIPADAS Y SISTEMAS DE DETECCIÓN DE CALIDAD DE CÁSCARA DEL HUEVO:

Resultados preliminares

A. Hernándiz

Symp. WPSA-AECA. Lleida, 2/4-10-2013
produccion@huevosguillen.com

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El sector avícola de puesta en España ha sufrido una gran transformación, fruto de la introducción de la Directiva 99/74/CE y la necesaria reconversión industrial que de su aplicación se derivó al tener que sustituir, modificar o transformar los sistemas de alojamiento. Un estudio presentado el año pasado –Caballo 2012- mostraba una reconversión de censos hasta 35 millones de ponedoras, suponiendo una reducción del 24 % en plazas con respecto al 2010. Sin embargo, según estimaciones propias, las 50 empresas de producción más grandes alcanzarían a tener, a principios de 2013, unas 25 millones de plazas de puesta enriquecidas de una u otra forma. Las explotaciones con menos de 150.000 plazas quedarían fuera de este grupo, teniendo, muchas de ellas, un canal corto de comercialización.

Desde la publicación de dicha directiva, varios autores, trabajos y proyectos europeos han aportado información sobre la productividad y calidad de los huevos en jaulas equipadas –JE– en los que se estudiaron los comportamientos de las aves en diferentes modelos de las mismas, evaluando si éstos se veían influenciados por el tamaño de grupo –de 10 a 60 gallinas-, el tipo y diseño de nidales, aseladeros, etc. Sin embargo, muchos de estos resultados se obtuvieron en modelos experimentales o en granjas de nueva construcción, situaciones que podrían estar lejos de la situación productiva real de España en la actualidad, donde muchas jaulas convencionales –JC-han sido adaptadas –JA-, alcanzando, según estimaciones propias, hasta un 30 % de las plazas actuales de puesta. Por ello, otros autores han realizado trabajos de recopilación de datos de campo a fin de aportar información útil sobre instalaciones y manejo en estos nuevos sistemas. Como resumen de todos ellos, se podrían extraer las siguientes ideas:

A) A) Los niveles de mortalidad y de puesta parecen haberse mantenido o incluso mejorado en la producción de huevos en JE, debido en gran medida a un menor estrés y frustración de las aves, a un buen comportamiento social y alimentario y a un mejor estado del plumaje. Sin embargo esta situación puede variar notablemente en función de la aparición de histeria colectiva, picaje, prolapso cloacal, etc. Otros índices como el peso medio del huevo y el índice de conversión alimenticia parecen haberse penalizado. Así pues, aspectos de manejo y nutrición como el corte de picos, la estimulación lumínica, la entrada directa de luz natural en la nave, el manejo nutricional para control del tamaño del huevo, etc., deben mantenerse siempre bajo control.

B) La calidad de cáscara ha estado siempre presente en todos los estudios. En nuestro país se han realizado exhaustivas revisiones bibliográficas a este respecto. El anidamiento gregario de las gallinas ponedoras ha sido descrito ya con anterioridad, e incluso se ha cuantificado su nivel en diferentes sistemas de alojamiento y tipo de nidal y a diferentes edades de las aves. Una posible consecuencia de ese comportamiento pueden ser las asfixias -evidenciadas con mortalidades elevadas en camperas y en JE en el pico de puesta- y la puesta de huevos recalcificados. Estos huevos presentan una coloración anómala al depositarse una segunda capa de carbonato cálcico sobre la cutícula pigmentada. La frecuencia de aparición de este tipo de huevo suele disminuir en estirpes de ponedoras con una mayor dispersión del horario de oviposición y en cualquier caso disminuye con la edad al reducirse el comportamiento de anidamiento gregario y dispersarse la puesta en la jaula a lo largo del día. De igual modo, si el espacio de nidal está densamente ocupado o las aves pasan mucho tiempo en el mismo, las gallinas que desean poner el huevo deberán desplazarse a otras zonas de la jaula, aumentándose la frecuencia de huevos puestos en la zona de escarbado o en la zona de perchas. También influye el diseño de la jaula enriquecida y la densidad animal y/o el tamaño de población alojado en la misma: a menor capacidad de movimiento de las aves, más se limita la libre circulación de las aves en busca del ambiente enriquecido adecuado a su necesidad etológica puntual. De forma similar se ha descrito que una iluminación mal distribuida -excesiva en el nidal y pobre en la zona de escarbado- puede provocar la aparición de huevos fisurados y huevos sucios -las aves picotean los huevos puestos en el nidal y los huevos pueden ensuciarse más en la zona de escarbado-. El pandeo de las mallas que actúan como suelo de la jaula pueden provocar que los huevos no se evacuen lo suficientemente rápido de la jaula y que aparezcan mayores suciedades y fisuras. La zona de nidales también suele ser una zona donde las aves se refugian antes de morir por cualquier enfermedad, por lo que la revisión diaria de las bajas cobra mayor importancia para evitar que aparezcan huevos sucios o picoteados. El material del nidal, su tamaño y disposición puede influir determinantemente en la aparición de ciertas suciedades en los huevos -heces o plumas -. Un inadecuado manejo del sistema de avance de las cintas de recogida de los huevos también puede provocar que los huevos se amontonen en exceso en la misma, introduciéndose dentro del nidal, permitiendo que sean picoteados por las aves o bien produciéndose microfisuras longitudinales por presión. De la misma forma, si la longitud y duración de los avances no está bien calculada, pueden aparecer amontonamientos de huevos en los cabeceros de las jaulas los días en los que se retrasa la recogida, produciéndose fisuras y suciedades de clara y yema. Bajo nuestra experiencia, estas situaciones se dan muy frecuentemente en los complejos multiedad de puesta en los que se deben coordinar las recogidas de huevos de varias naves. El correcto funcionamiento del sistema de antipicaje de los huevos pasa a cobrar, en estas circunstancias, un protagonismo destacado a fin de minimizar las fisuras y las suciedades, sobre todo a partir de la edad en que la gallina empieza a producir huevos con la cáscara menos resistente.

Un inadecuado manejo del sistema de avance de las cintas de recogida de los huevos también puede provocar que los huevos se amontonen en exceso en la misma

Respecto a la calidad de la cáscara de los huevos, cabe destacar que en las actuales guías de manejo de las diferentes estirpes genéticas se establecen valores de referencia en cuanto al color y resistencia de la cáscara, a la presencia de inclusiones e incluso a la distribución de peso de los huevos, pero nunca se dan valores sobre porcentajes de huevos rotos o fisurados. Así pues, la publicación de referencia que se usa a este respecto es el manual “Optimum Egg Quality” -Coutts y Wilson, 2007-, en el que se establece que la calidad de la cáscara del huevo se juzga a través de la evaluación de la textura, el color, la forma, la limpieza y la fortaleza, indicándose que debe ser suave, limpia y libre de roturas, uniforme en color, forma y tamaño. A su vez se describen diferentes tipos de defectos de cáscara, mostrando los 5 mayores, con roturas por presión o por cáscara frágil o por huevos anillados, agujereados o en fárfara. Sin embargo también se describen otros tipos de anomalías de cáscara como: grandes roturas -por grandes impactos sobre cáscara frágiles –que pueden variar entre el 1 y el 5 %-, microfisuras longitudinales -no visibles, producidas por presión, variando entre el 1 y el 3 %-, microfisuras en estrella -no visibles y producidas por impactos, variando entre el 1 y el 2 %-, huevos en fárfara –que variando entre el 0,5 y el 6 %-, huevos rugosos –llegando hasta el 1 %-, huevos arrugados –alcanzando hasta el 2% -, huevos aplanados –llegando hasta el 1%-, huevos anillados -variando entre el 1 y el 9 %-, huevos agujereados –llegando hasta el 1 %-, huevos porosos, huevos sucios de sangre, de heces o por marcas de la jaula. En la actualidad no existe ningún manual equivalente en la UE para huevos producidos en jaulas enriquecidas en los que se identifiquen y/o cuantifiquen las causas más frecuentes de suciedad y fisura.

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Otro parámetro de calidad con respecto a la cáscara es la microbiología. El trabajo realizado hasta el momento por el sector en el control de Salmonella spp. debe enorgullecernos, pues los casos de salmonelosis humana no dejan de disminuir en la Unión Europea desde que se empezó a trabajar en este sentido. De hecho, en el último informe de la EFSA sobre zoonosis en la U.E. y sus tendencias –2013-, destaca una reducción del 5,4 % en los casos de salmonelosis humana con respecto al año anterior, alcanzando una reducción acumulada del 38 % desde el año 2007. Debemos considerar este hito como un gran tesoro que salvaguardar, teniendo que estar alerta sobre toda aquella variable que haga peligrar esta circunstancia, sobre todo la suciedad de la cáscara y la posible falta de continuidad de la misma -huevos fisurados -en los de consumo directo que nuestra industria pone en el mercado. Para lograr este objetivo el sector debería utilizar todos los medios disponibles. A este fin, los sistemas electrónicos de detección de huevos sucios y fisurados son excelentes aliados. Sin embargo, debemos conocer su funcionamiento con el fin de fijar unos adecuados niveles de huevos desclasificados, necesitando para ello datos históricos y referencias.

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Muchas son las causas que pueden aumentar el porcentaje de huevos desclasificados, pero desde la implantación de la producción en jaulas equipadas en la UE, la situación productiva a éste efecto parece haber empeorado. Los sobrecostes ocasionados por el empeoramiento de estos parámetros pueden estar detrás del posible incremento del coste de producción de la docena de huevos. La optimización de estos índices puede determinar la viabilidad de una explotación avícola en momentos en que los márgenes de negocio sean muy reducidos. De la misma forma, la puesta en el mercado de un producto con un mayor riesgo sanitario puede provocar problemas de salud pública no deseados, ni por el productor ni por el sector productor-envasador de huevos en su conjunto. La investigación de las anomalías de cáscara que aparecen en los huevos producidos en jaulas enriquecidas en la UE, y de las posibles causas que los provocan puede aumentar la competitividad de las empresas productoras. A su vez, la mejora en los procesos de selección de los huevos de categoría A y B en los centro de embalaje aumenta la calidad de los huevos puestos en el mercado y minimiza los riesgos de aparición de toxiinfecciones alimentarias.

La investigación de las anomalías de cáscara que aparecen en los huevos producidos en jaulas enriquecidas en la UE, y de las posibles causas que los provocan, puede aumentar la competitividad de las empresas productoras

Material y métodos

A lo largo de 25 meses se tomaron, de una explotación avícola de puesta, los datos productivos de varios lotes de ponedoras, alojadas en 4 distintas naves con jaulas convencionales –JC- modelo Big Dutchman Univent 550A, de 6 aves/jaula a 550 cm2. Los siguientes 25 meses se procedió a la toma de datos productivos de esas mismas 4 naves con las jaulas ya adaptadas –JA– para 30 gallinas, derivadas de la fusión de 6 jaulones convencionales y de otras 2 naves de nueva construcción equipadas con jaulas equipadas –JE- modelo Big Dutchman Eurovent 1250-EU-60, para 60 aves/jaula a 750 cm2. Durante esos 25 meses también se tomaron datos de otra explotación avícola de nueva creación, con 4 naves de puesta de JE con el mismo modelo. Se obtuvieron datos medios semanales de los lotes de gallinas analizados para cada tipo de alojamiento -JC 6 lotes, JA 3 lotes y JE 13 lotes, 5 de ellos en el Centro 1 –la misma explotación donde están las JC y JA- y los 8 restantes en el Centro2 -de nueva creación-. Con ello se consiguió recopilar datos de 550.000 gallinas alojadas en JC, 300.000 en JA y 1.850.000 en JE -pero en dos diferentes explotaciones-. Los datos productivos se obtuvieron a través del contaje de máquinas clasificadoras Moba Omnia® con dispositivos Egg Inspector® y Crack Detector®. Los porcentajes de huevos sucios y fisurados se obtenían para cada nave de los huevos retirados en el miraje por personal cualificado y de los retirados por la máquina a través de sus detectores electrónicos. Para el cálculo de estos índices se acumularon 51 datos de cada lote, desde las 20 y las 70 semanas de vida.

Tabla 1. Porcentajes de huevos desclasificados según tipo de jaula, en comparación con los datos del proyecto Lay-Wel 2006

Tipo de huevos

Sucios

Fisurados

Referencia

Estudio actual

Laywel 2006

Estudio actual

Laywel 2006

JC (550 cm2)

5,84

4,9

3,72

2,6

JA (750 cm2)

9,04

4,7

4,33

2,0

JE (750 cm2)

5,14

8,2

4,23

1,7

 

Posteriormente se desarrolló un plan de muestreo, que continúa en la actualidad, en el que cada semana se muestrea una de las naves estudiadas, identificando la tipología de huevos sucios y fisurados que aparecen, obteniendo así una distribución porcentual de los mismos que observamos en cada nave. El muestreo consiste en el registro de los datos rutinarios de la puesta total, los huevos sucios y fisurados retirados mediante inspección visual y los retirados por los sistemas electrónicos de detección, calibrados en todo momento en niveles de especificidad y sensibilidad máxima, de forma que se minimice la probabilidad de que lleguen al producto final. De cada uno de esos cuatro grupos de huevos retirados de una nave se seleccionan 300 huevos al azar para su inspección visual, realizada en locales apropiados, adyacentes a los centros de embalaje donde se habían tomado las muestras, utilizando ovoscopio, y siempre por el mismo personal técnico especializado, siguiendo el protocolo descrito por De Reu –2007-. En base a la bibliografía y a observaciones previas, se tipificaron las siguientes categorías:

a) Sucios por heces, sangre, piojillo, clara-yema, polvo, pluma, pálidos, diana, recalcificados y otros.

b) Fisurados, identificados como tales o rotos -muy golpeados o extremadamente frágiles-, aquellos clasificados como huevos microfisurados o bien con fisuras visibles, y estos, a su vez agrupados según mostraran fisuras producidas en frío -en estrella cerrada, longitudinal cerrada y abierta– o en caliente -en forma de pico, uña, alambre o estrella-.

Resultados y discusión

Los porcentajes de huevos sucios y fisurados variarohn según el tipo de jaula, como se muestra en la tabla 1.

Los resultados obtenidos en este estudio varían con respecto a los datos de referencia presentes en el proyecto europeo LayWel realizado en el 2006. En éste, las desviaciones fueron más elevadas, seguramente fruto de la diversidad de orígenes de los datos que se recopilaron -países, manejos y modelos de jaulas-. Las variabilidades en este estudio, aunque más ajustadas, no permiten establecer diferencias significativas entre modelos, proviniendo en gran parte a la diferencia en cuanto a estirpes, tipo de nidales y material de yacija o presencia de huevos manchados de piojo. Los valores absolutos de sucios y fisurados de este estudio resultan ser más elevados, debido seguramente a la utilización de sistemas electrónicos de detección. Los resultados del presente trabajo muestran como los porcentajes de huevos desclasificados más bajos se dieron con los sistemas convencionales y de jaulas enriquecidas, incrementándose -sobre todo los sucios– con la adaptación de antiguas jaulas convencionales.

Tabla 2. Evolución de los de huevos sucios y fisurados según tipo de jaula a lo largo del ciclo de puesta.

Semanas

Huevos sucios, %

Huevos fisurados, %

J.C.

J.A.

J.E.-1

J.E.-2

J.C.

J.A.

J.E.-1

J.E.-2

20-25

4,6

12,5

7,1

4,4

3,4

3,9

3,6

3,2

26-30

3,4

6,2

3,30

3,1

2,0

3,3

2,6

2,9

31-35

4,0

5,1

3,6

3,0

2,4

3,5

2,5

3,1

36-40

4,0

5,6

4,0

3,4

2,1

3,4

2,9

3,2

41-45

4,5

6,1

4,6

3,6

2,9

3,9

3,1

3,5

46-50

5,2

7,1

5,5

3,8

3,4

3,6

3,3

3,9

51-55

5.6

8,5

6,2

4,2

3,8

4,2

4,6

4,4

56-60

6,5

9,7

7,5

4,7

4,6

4,5

5,3

5,4

61-65

9,0

13,3

9,9

5,7

5,5

5,5

5,6

6,4

66-70

11,9

15,7

11,9

7,5

7,2

7,6

6,8

7,9

Los datos de jaulas equipadas provienen de dos centros de producción diferentes: en el que coincidían JE y JA, la proporción de huevos sucios fue del 6,36 % y la de fisurados del 4,03 %, mientras que en el otro centro, de nuevo diseño y donde todas las naves están equipadas con JE de nueva construcción, los niveles respectivos fueron del 4,33 % y 4,36 %. Así pues, comparando los datos obtenidos de un centro de producción con JC, JA y JE, donde los factores de variabilidad se reducen, los mejores resultados se dieron con JC, empeoraron considerablemente con las JA, pero menos en las JE. Sin embargo, en el otro centro de producción de nueva construcción, los datos obtenidos fueron incluso mejores que los obtenidos en las JC del centro más antiguo.

Estos datos nos informan de que, aunque el diseño de la jaula, del nidal, de los aseladeros y yacija son muy importantes a la hora de controlar estos índices, los sistemas de recogida en las naves, los horarios y la capacidad de clasificación de un centro de embalaje con sistema on-line de empaquetado influye determinantemente en estos resultados.

En cuanto a la evolución de los porcentajes de huevos sucios y fisurados a lo largo de la puesta, se constata que al inicio de puesta se observan porcentajes medios en todos los sistemas, pasando posteriormente a estabilizarse con niveles mínimos y, a continuación, van aumentando al avanzar el ciclo productivo.

En el caso de las JA, la tendencia es clara: más huevos sucios y rotos, sobre todo al final de la producción. Estos lotes requirieron más tiempo para estabilizar la producción de huevos sucios al inicio de la producción, llegaron brevemente a dicha estabilización, y rápidamente empezaban a aumentar hasta alcanzar unos niveles semanales del 20-30% al final del ciclo -tabla 2 -.

En el caso de las JE, encontramos diferentes curvas según la explotación. En el Centro 1 las tendencias fueron mejores que en las JA, observándose una rápida estabilización de sucios al inicio de puesta, menores porcentajes mínimos estabilizados y menor incremento a lo largo del ciclo de producción. Con respecto a los fisurados, aunque los patrones fueron similares al inicio de puesta, en JE también se alcanzaron menores porcentajes mínimos estabilizados y menor incremento a lo largo de la producción. En el Centro 2 -de nueva creación-, la variabilidad de datos fue mucho menor ya que en él centro, los sistemas de recogida, los horarios y la capacidad de clasificación del centro de embalaje estaban optimizados, y las tendencias fueron mejores que en cualquier tipo de jaula que en el Centro 1, mejorando incluso los datos de las JC.

Los muestreos periódicos de huevos realizados con el objetivo de tipificar y cuantificar las suciedades y fisuras continúan en la actualidad. Por ello, los resultados que a partir de aquí se muestran deben considerarse como provisionales. Sobre una puesta de 2.012.210 huevos, se han detectado 102.118 huevos sucios y 60.724 huevos fisurados, lo que supone un 5,07 % de huevos sucios y un 3,02 % de huevos fisurados. Sin embargo, las cifras son distintas según el tipo de jaula: en JA un 6,05 % de huevos sucios y un 3,68 % de fisurados, mientras en JE aparece un 3,63 % de huevos sucios y un 2,03 % de fisurados. Estos datos provisionales, derivados de los muestreos, van en la línea de los resultados obtenidos por los históricos de producción. Los datos provisionales muestran como, entre los huevos sucios retirados en el centro de embalaje, el 60 % se retira manualmente por el personal cualificado del equipo de selección, mientras que el 20 % es desviado al huevo de categoría B mediante los sistemas electrónicos de detección. Sin embargo, manualmente solo se retira el 28 % de los huevos fisurados, siendo el sistema electrónico de selección el que retira la mayor parte – el 62 % -de ellos. El resto se retiran manualmente en otros puntos críticos del circuito de embalaje, como la zona de tapas y las mesas de recogida de paquetes retractilados, el 20% de los sucios y el 10% de los fisurados. Cabe destacar que un óptimo funcionamiento de los procesos de selección previos -miraje y sistemas electrónicos- minimiza la probabilidad de que aparezcan huevos sucios y/o fisurados en los paquetes, y que una selección a posteriori evita que los paquetes que llegan al consumidor final contengan huevos con alguna suciedad o alguna fisura. Los datos diferenciados según tipo de jaula se presentan en la tabla 3.

Tabla 3. Huevos sucios y fisurados -%- retirados manualmente (en mesa) y mediante sistemas electrónicos de detección (en máquina) en jaulas acondicionadas y enriquecidas

Tipo de jaula

Acondicionada

Enriquecida

Sucios, %

6,05

3,63

Retirados en:

 

 

mesa, %

66

45

máquina, %

17

27

otros puntos, %

17

28

Fisurados, %

3,68

2,03

mesa, %

27

31

máquina, %

64

56

otros puntos, %

9

12

Los huevos sucios retirados mediante la inspección visual fueron, predominantemente, sucios de heces y de clara y yema, aunque en el caso de las JA, los sucios de polvo y los recalcificados también supusieron un porcentaje elevado, sobre todo en el inicio de puesta. Los fisurados retirados visualmente fueron, en mayor medida, huevos fisurados en caliente -recién puestos -o con fisuras frías en estrella -causadas una vez enfriado el huevo después de la puesta-, aunque en el caso de las JE, los huevos con fisuras frías longitudinales también supusieron un porcentaje elevado durante todo el ciclo de puesta. Los huevos sucios retirados por el Egg Inspector® siguieron el mismo patrón que los retirados visualmente, pero los fisurados retirados por el Crack Detector® fueron en mayor medida huevos con microfisuras longitudinales y en estrella, aunque en el caso de las JE los huevos con fisuras longitudinales también supusieron un porcentaje elevado.

Conclusiones

Los datos históricos presentados corroboran las tendencias presentadas en estudios previos, en los que se describieron diferentes variables relativas al diseño de las jaulas y al manejo de las aves, que pueden provocar que los huevos sucios y fisurados producidos en jaulas enriquecidas varíen significativamente. Entre estas variables figuran el tamaño de grupo y la densidad, la anchura de la jaula, el diseño y amplitud del nidal, la presencia de sistemas de avance de cintas de recogida de huevos o de salva huevos, etc. Actualmente, en España, las granjas que no tengan en cuenta estas variables pueden perder competitividad a causa de la reducción del precio del mix de producción -aumento de huevos de categoría B-. Cabe destacar en sentido aditivo que si no se dispone de sistemas electrónicos de detección, aumenta sustancialmente la probabilidad de presentar en el mercado huevos fisurados, y por tanto con mucho mayor riesgo de producir toxiinfecciones alimentarias. Se requiere mayor información técnica y práctica para cuantificar la tipología de suciedades y fisuras que se presentan en los huevos a raíz de la introducción de las jaulas enriquecidas en la Unión Europea, así como su distribución durante la puesta.

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